La noche a pesar de todo fue la mas maravillosa, cupido se coludió con las circunstancias y así se produjo el primer beso sin esperarlo llego, sin pedirlo se dio, una simple expresión de cariño que desencadeno luego una intensa pasión y desconcierto; dulzura y amargura, amor y pasión, pasión que fue controlada por la cordura y el pudor ante la presencia de Toña. Un fuerte abrazo fue la expresión mas tierna y sublime y el presagio de algo duradero, fue la noche mas feliz de todas, ella me correspondía nos quedamos abrazados sin decir nada pues las palabras sobraban ya que nuestras almas se complementaban y no hacían falta mas que las miradas y las delicadas caricias que recorrían nuestros rostros.
En los días subsecuentes, solo pensaba en ese beso, aquel abrazo que derrumbaron un mundo, una gran muralla, que se había construido durante años y en solo instantes su dulzura y ternura en su mirar lograron derrumbar.
Vivía una eternidad que se detenía constantemente y veía pasar frente a mi, el recuerdo de aquel beso y abrazo, aquel instante de ternura y felicidad, no podía dejar de pensar en eso, varias veces al día me sumergía en un mar desconocido y medio vació en donde solo existía gravado aquel instante, aquel beso, aquella mirada; aquellos labios, no podía aguardar hasta la próxima cita, así es que la llame, con el temor de la primera cita, me sentía como un quinceañero al oír la voz de su amada, el corazón se me aceleraba, parecía que en mi pecho no existía suficiente espacio, se expandía como queriendo salirse por la boca, formándose un nudo en la garganta; hablamos y acordamos vernos otra vez, al día siguiente.